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Este año ha sido el año de NO ME DA LA VIDA. Casi me rindo con el DIY del Calendario de Adviento. He estado a punto de salir corriendo con la capa de mala madre a comprar un Calendario de Adviento de esos del super. Esos que cuestan menos de un euro y que dejan secuelas de por vida a causa de los dibujos tan horribles que les plantan, por no hablar de las chocolatinas… Todos sabemos que al final siempre aparece alguien por casa con uno y que a los peques les rechifla. Es una causa perdida.

Una de las señales del paso del tiempo es el DIY del Calendario de Adviento. Es un de esos post que publico año tras año. Me gusta idear cómo vamos a hacerlo y cuando veo las fotos de los post antiguos, con Elia tan pequeñita, me entra un ataque de nostalgia. Este año, como ya sabéis que ” NO ME DA LA VIDA”, habrá un nuevo post con el DIY de Calendario de Adviento pero todavía estoy ultimando detalles. Mientras acabo  de recopilar el material y hacer las fotos os dejo un post express con los CALENDARIOS DE ADVIENTO de los tres últimos años.

La idea de hacer un taller a peques de entre tres y cuatro años siempre me resulta motivadora y atractiva, pero cuando me tengo que enfrentar a esa situación me entra el pánico. Los niños a esa edad son una explosión de creatividad y sin duda alguna el público más exigente y crítico al que te puedas enfrentar. ¿Les gustará? ¿Será los suficientemente atractivo para captar su atención? ¿ Será demasiado complicado para su edad o demasiado dirigido? ¿Tiene algún valor pedagógico?… Al final se trata de divertirse y aprender jugando, ¿no? Así, que hace unos días me apunté  para hacer uno de los talleres semanales que realizan las familias  en el cole de Elia. Mi propuesta: hacer un DIY, una cámara de fotos de cartón que pueden personalizar y llevársela a casa. Quería que al acabar el taller se llevaran un objeto realizado por ellos mismos, algo con lo que continuar imaginando y creando. La pintaron y la decoraron con pegatinas con total libertad.

Mi  cabeza ya está en modo vacaciones, a pesar de que estoy haciendo malabares para conciliar. Llevo una semana trabajando en cafeterías molonas,  mientras Elia disfruta de sus clases de teatro. Os suena un poco, ¿no?

Lo importante es que  la actitud dominguera no falte, así que en  lugar de quejarme intento aprovechar la situación. Buscamos nuevas formas de pasarlo pipa, aprender y crear contenido para el blog. Eso quiere decir que la hemos vuelto a liar en casa. Elia lleva todo al terreno del juego simbólico y nos hemos ido de viaje, a descubrir mundo, pero sin salir de casa.

Nuestros aliados, una maravilla de libros infantiles que nos han llevado a países lejanos. Hemos dado la vuelta al mundo  en avión, en barco, en tren…

¿Quién se viene de viaje ?

Este verano tenemos un plan. A primera vista  lo de trabajar en casa y tener mi  oficina en el salón no es muy compatible con los tres meses de vacaciones que tiene mi hija. En vista de lo que nos iba a llegar y después de la experiencia del año pasado, donde la improvisación se apoderó de nuestras vidas,  he decidido trazar un plan y estoy en búsqueda de libros de manualidades para niños pero de esos que me gustan tanto a mí como a Elia.

Una de las cosas que me llevó a trabajar por mi cuenta era de la poder gestionar mi tiempo para poder conciliar y disfrutar de mi hija. No me he perdido ni “una primera vez”. Eso no tiene precio y quiero seguir haciéndolo. Aunque me pase el verano haciendo malabares.

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