Hoy me vais a perdonar pero no voy a hablar de mí , ni de ninguno de mis hallazgos de  este universo infantil que tanto me gusta y que disfruto al máximo. Hoy voy a hablar de una persona muy importante no solo para mí, sino también para Elia: la yayi. Esta semana mi madre ha cumplido 70 años y aunque no soy de las de que van sumando crisis de década en década os he de confesar que los 70 de mi madre me han llevado a un cierto estado de nostalgia y de emociones encontradas. Una mezcla de inmensa felicidad por  tenerla a mi lado durante todo este tiempo , pero  ese  7 también me ha dejado un cierto regusto amargo. Todo pasa tan deprisa que necesito darle al botón de parar.

Hace días leí este precioso texto de @unamammagreen  y  hoy me he vuelto a encontrar con él. Me he emocionado tanto que por unos minutos no podía ni hablar. Ahora lo entiendo todo, Mamá.

 El tiempo, poco a poco, me liberará de la extenuante fatiga de tener hijos pequeños.
De las noches sin dormir y de los días sin reposo.
De las manos gorditas que sin parar me agarran, me escalan por mi espalda, me cogen, me rebuscan sin restricciones ni vacilaciones. Del peso que llena mis brazos y dobla mi espalda.
De las voces que me llaman y no permiten retrasos, esperas, ni vacilaciones. El tiempo me devolverá el ocio vacío de los domingos y las llamadas sin interrupciones, el privilegio y el miedo a la soledad. Aligerará, tal vez, el peso de la responsabilidad que a veces me oprime el diafragma.

El tiempo, sin embargo, inexorablemente enfriará otra vez mi cama, que ahora está cálida de cuerpos pequeños y respiros rápidos. Vaciará los ojos de mis hijos, que ahora desbordan de un amor poderoso e incontenible.

Quitará desde sus labios mi nombre gritado y cantado, llorado y pronunciado cien, mil veces al día.
Cancelará, poco a poco o de repente, la familiaridad de su piel con la mía, la confianza absoluta que nos hace un cuerpo único. Con el mismo olor, acostumbrados a mezclar nuestros estados de ánimo, el espacio, el aire que respiramos.

Llegarán a separarnos para siempre el pudor, la vergüenza y el prejuicio. La conciencia adulta de nuestras diferencias.
Como un río que excava su cauce, el tiempo peligrará la confianza que sus ojos tienen ante mi, como ser omnipotente. Capaz de parar el viento y calmar el mar. Arreglar lo inarreglable y sanar lo insanable.
Dejarán de pedirme ayuda, porque ya no creerán que yo pueda en ningún caso salvarlos.
Pararán de imitarme, porque no querrán parecerse demasiado a mi. Dejarán de preferir mi compañía respecto a la de los demás (y ojo, ¡esto tiene que suceder!)
Se difuminarán las pasiones, las rabietas y los celos, el amor y el miedo. Se apagarán los ecos de las risas y de las canciones, las nanas y los Había una vez… acabarán de resonar en la oscuridad.

Con el paso del tiempo, mis hijos descubrirán que tengo muchos defectos y, si tendré suerte, me perdonarán alguno.” Fuente @unamammagreen – Traducido por Laura Caldarola

Soy conciente de que todo esto pasará con Elia y se me corta casi la respiración al pensarlo, pero volorá y lo único que me consuela es pensar que durante este tiempo que me ha dejado estar con ella, sin condiciones ni prejucios,  lo he hecho mínimamente bien, que será una persona honesta y capaz de tomar decisiones que le lleven a ser  feliz, que luchará por sus sueños, se esforzará y será lo que quiera ser.

Hoy me he dado cuenta después de leer ese maravilloso texto que a mi madre también se le cortó la respiración al pensar que yo volaría, que mi madre también  lo hizo lo mejor que pudo y sé que aunque estemos juntas y compartamos muchos momentos, muchas veces me echa de menos. ¡¡¡Felices 70 Mamá!!!

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