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Cuando empiezo a ponerme las sandalias y a Elia le pongo las típicas zapatillas de lona, es señal inequívoca que nos acercamos al verano. Queda un mes para que demos por finalizado el curso escolar y aunque con muchas ganas de pasar más tiempo con los peques, de playa, de aire libre… en fin de vacaciones, hay algo que se escucha en todos los patios de colegio: !!!Uff tres meses!!!  ¿Qué haremos con los peques durante esos tres largos meses? Resulta que en este país aparte de tener unas bajas maternales ridículas, el calendario escolar no se adapta ni por asomo al calendario laboral. ¡No vaya a ser cosa que hagamos algo con lógica que facilite a las familias conciliar y hacer que las cosas funcionen mejor!

Si hay un festival musical que no te puedes perder cuando tienes peques en casa es el Día de Minimúsica, donde la música para niños adquiere otra dimensión, una dimensión que hará que te reencuentres con tu pasado más festivalero y que encima lo puedas compartir con tus hijos. Esto solo puede suceder porque el Día de Minimúsica, organizado por el mismo equipo que el Primavera Sound, con diez años a la espalda ha conseguido cambiar el panorama musical infantil. Ya pueden decir que han dado con la fórmula perfecta y creo que no soy la única que se lo agradece eternamente. Hemos pasado de las cursis coreografías de Parchís, (confieso que yo las bailé en más de una ocasión) y del famoso disco chino del extraño dúo Enrique y Ana, a propuestas musicales que puede compartir toda la familia sin que la parte adulta quiera hacerse un harakiri colectivo a los diez minutos de empezar el concierto.

Viajar con niños siempre es una aventura y el viaje no solo empieza al salir de casa, para mí empieza desde el momento en que lo organizo. No soy la reina de la planificación, pero hay algo que sí elijo con cierto cuidado y es el hotel. Las habitaciones familiares son un plus, pero no todo vale. Ya no me conformo con una cama supletoria a un módico precio en un espacio donde no te puedes mover.

Improvisación, esa es la palabra. Resulta que nos íbamos de escapada a Madrid. Un viaje familiar mezclado con ferias, reuniones, encuentros y reencuentros. Sí, somos unos valientes y unos defensores de la conciliación extrema, así que Elia ha ido por Madrid a ritmo de padres estresados. Todavía me estoy planteando si fue muy buena idea. Para compensar el trajín urbano de la gran ciudad acabamos la semana en el pueblo donde las piedras y los palos eran nuestro mayor tesoro. Así que aunque estas mini vacaciones blogueras no estaban previstas están más que justificadas/improvisadas. Para empezar a poner orden, un post con un poco de aquí un poco de allí, una pequeña pincelada de lo que dio de sí nuestro viaje Family Friendly por Madrid.

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