Hay algo que me he propuesto hace poco y  es no dejarme llevar por las rutinas. Me resisto a los días en que los “momentos domingo” no quieren aparecer y es entonces cuando me paro y me pregunto: ¿Hoy la he visto reir?, pero reir de verdad, a carcajadas, con esa risa que se contagia que invade todo el espacio y se convierte en una varita mágica que borra por unos momentos los malos rollos.

reir

Por eso todo los días sin excepción hay un momento en que nos reímos a carcajadas las dos juntas, con  El Tipo Duro, con la yayi, con los niños del parque o con quien nos pille. Da igual dónde y cómo. Lo importante es reír. Cuando llega la hora de ir a dormir y esta a punto de acabarse el día, rebobino y busco ese momento carcajada. Si no lo recuerdo, saltamos en la cama, jugamos a hacernos cosquillas o provocamos al tipo duro para que nos haga un espectáculo improvisado y si lo recuerdo, igual lo repertimos en versión tardía, pero no nos puede faltar. Antes, cuando Elia se resisitía para ir a dormir con estrategias de todo tipo nos ibamos a dormir enfadados y nerviosos, fue introducir el humor en nuestro camino a la cama y la militancia por no ir a dormir se acabó.

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Soy de esas personas de las que parece que se han tragado un palo de escoba, mantengo una aparente seriedad que me sirve de coraza, es solo timidez. Intento que esa rigidez sea cada vez menos y con mi hija lucho por que desaparezca, me esfuerzo para que no sea así. En días como los del fin de semana pasado donde todo parecía que iba mal:  Elia con 39, 5 de fiebre, yo con jaqueca y miles de cosas por hacer. El DIY de las calabazas, planes  que tuvimos que anular, no pudimos ir a uno de los eventos más molones de Barcelona el Big Draw ni tampoco al cumple de la hija de unos amigos. Pero lo que no anulamos fue nuestro momento de risa. En pijama, sin trampa ni cartón, con fotos con un enfoque más que cuestionable pero con unas carcajadas de esas que lo curan todo. La risa es un privilegio del ser humano que debemos explotar, enseñar y contagiar a nuestros hijos. Yo lo he convertido en mi rutina preferida, así que acordaros de hacerles reír, de mayores estoy segura que os lo agradecerán.

¡Feliz “domingo”!

3 Comments

  1. Totalmente de acuerdo!
    La risa es la excusa! Simplemente una forma, una camino fácil para instalar el tipo de relación en la que deberíalmos movernos todo el tiempo con nuestros hijos: atención plena, disponibilidad emocional, acompañamiento desde el amor y el profundo respeto que merecen sus necesidades genuínas y vitales… Lo que es lo mismo alejarnos de los caminos de la imposición, la rigidez, el funcionalismo, el deber ser, los premios tanto como los castigos (incluída la silla de pensar!!), la proyección de nuestras carencias personales en dificultades que tan gratuítamente adjudicamos a nuestros hijos…. en fin… felicidades y que continues por este camino inspirando a mucha más a gente a seguirlo!!!

    • cded Reply

      Me ha emocionado tu comentario, muchas veces pienso que no lo estoy haciendo bien pero lo hago siempre desde el respeto y con mucho mucho amor y paciencia y también con risas en lugar de gritos. Mi hija me ha enseñado tanto que he empezado a entender el mundo de otro modo y a pensar que las cosas se pueden hacer de otra manera.
      gracias por este comentario tan inspirador.

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