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Los típicos cuadernos de verano no me gustan nada y en mi empeño de llevar un verano creativo con Elia quería ofrecerle otras alternativas. Antes de irnos de vacaciones me pasé por Chandal. Muchos sabéis que es una de mis tiendas favoritas y el sitio perfecto para encontrar inspiración y nuevas propuestas editoriales. Si hay algo molón, seguro que ellos lo tienen. Son unos buscadores de tesoros y una apuesta segura si buscáis altas dosis de creatividad.

Un consejo, ir con tiempo y dejaros aconsejar por Isa o Ángeles; lo saben todo sobre novedades para los peques y además es un placer hablar con ellas.

Aparte de salir cargada de “joyitas”, después de la charla tengo la sensación de estar totalmente al día de las últimas tendencias.

La idea de hacer un taller a peques de entre tres y cuatro años siempre me resulta motivadora y atractiva, pero cuando me tengo que enfrentar a esa situación me entra el pánico. Los niños a esa edad son una explosión de creatividad y sin duda alguna el público más exigente y crítico al que te puedas enfrentar. ¿Les gustará? ¿Será los suficientemente atractivo para captar su atención? ¿ Será demasiado complicado para su edad o demasiado dirigido? ¿Tiene algún valor pedagógico?… Al final se trata de divertirse y aprender jugando, ¿no? Así, que hace unos días me apunté  para hacer uno de los talleres semanales que realizan las familias  en el cole de Elia. Mi propuesta: hacer un DIY, una cámara de fotos de cartón que pueden personalizar y llevársela a casa. Quería que al acabar el taller se llevaran un objeto realizado por ellos mismos, algo con lo que continuar imaginando y creando. La pintaron y la decoraron con pegatinas con total libertad.

Mi propuesta de DIY para Halloween son unas calabazas, pero no de esas tan terrorífícas, aunque siempre se pueden adaptar. Una tela con un toque siniestro, unas telarañas y algunos bichejos y las calabazas otoñales se convierten en decoración de la semana del truco o trato. La idea inicial era esa pero al final cuando fui a comprar las telas me gustaban todas menos las típicas de Halloween. La de rayas amarillas me atrapó y acabó con la idea de hacer algo siniestro.

Si tuviera que decir qué es lo que más le gusta a Elia después del chocolate, sería disfrazarse. Así que en las semanas de siete domingos siempre es  Carnaval. Pero como se acerca ya la fiesta más loca del año, estos días estamos todavía más creativas.

Ya no nos conformamos con sacar trapos, vestidos de princesa o trajes de súper héroe, hemos pasado a hacer un DIY de máscaras de Carnaval.

Además nos hemos lanzado al reciclaje; unas cajas de huevos de cartón, un poco de pintura, unos pequeños accesorios y Elia se ha convertido en conejo, zorro y cerdito en un plis plas.

Supongo que os suena esto de “¡no tengo tiempo, no tengo tiempo!”. La vuelta al cole de mi hija es de las más sencillas del mundo y a la vez de las más complicadas. No hay que preparar uniformes, ni batas, ni libros, ni material escolar pero hay que ser muy creativo. Después del éxito del post “Un año de educación viva” os iré contando poco a poco de por qué no hace falta todo ese preparativo. En fin, que aunque sólo hay que llevar un álbúm del verano y una foto familiar emmarcada he de confesar que este año me estoy retrasando más de lo debido. Cierta autopresión a conseguir el objeto más creativo del mundo es la causa de no cumplir los plazos de entrega. El álbum está casi listo pendiente de hacer las fotos para compartirlo con vosotros, pero el marco está en el limbo. Todavía estoy pensando cómo lo vamos a hacer. Las premisas:  creativo, molón y lo más importante: que lo pueda hacer con Elia.

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