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Este verano le he cogido el gusto a hacer pequeñas escapadas de dos o tres días a no más de una o dos horas de distancia de nuestra casa. Vivimos en Barcelona y tener la opción de elegir entre mar o montaña sin irse demasiado lejos es un privilegio y una buena opción para viajar con niños. En vacaciones siempre hemos aprovechado para hacer un gran viaje, pero este año el planteamiento fue algo más sencillo pero no por eso menos divertido. Notaba que en las últimos salidas Elia me pedía ir a otro ritmo, que necesitaba disfrutar más tiempo de las pequeñas cosas, dejar de lado el ritmo del turista y disfrutar de un entorno de naturaleza. Elegimos dos destinos muy diferentes: el primero el Vall de Núria para después hacer un pequeño recorrido por la Costa Brava.

Parece que las reflexiones postvacacionales están muy presente en los últimos post del blog. Será que el mes de septiembre es para eso. Sin ánimo de aburrir, hoy vuelve a tocar un post de esos de comerse un poco el tarro. Nunca me han gustado las etiquetas y que te definan exclusivamente por lo que haces o por la profesión que ejerces, sin embargo no puedo evitar pensar en cómo será Elia o qué será cuando sea mayor. Dicen las malas lenguas que los padres proyectamos en los hijos nuestras fustraciones y todo lo que nos hubiera gustado hacer o ser, así que intento no solo mostrarle las cosas que me gustan sino ofrecerle todo un mundo de posibilidades para que experiemente y para que ella misma elija su camino.

Hace poco más de una semana que fui a vivir mi particular aventura al Festival Inspira. Os contaba en un post anterior que necesitaba compartir un tiempo a solas con Elia, mi hija, y recuperar así los momentos especiales que dejamos por el camino durante este último año, un poco coático, descontrolado y donde he ido apagando incendios por aquí y por allí, siempre pensando en lo que dejaba por hacer. Pero para explicar mi experiencia necesitaba tomarme un tiempo.

Estaba pensando en hacer una lista con regalos para el día de la madre pero no lo celebro, ni me gusta especialmente eso de tener un día cuando soy madre los 365 días al año. Así que mi lista de regalos va a ser peculiar y en ella voy a recoger todos los que mi hija me ha hecho durante este año. Son cosas, sensaciones, momentos o autorregalos que ella me ha inspirado. Por lo general, mi hija regala cosas suyas, que tienen valor para ella y el hecho de desprenderse de algo que considera propio es lo que llama regalar.

Vamos allá. Me reservo el derecho a ponerme cursi y tontorrona.

Cuenta la leyenda que hay un “mago” por ahí llamado Álvaro Sanz que enseña cómo hacer que tus fotos tengan magia y se conviertan en algo espectacular. Hace ya mucho tiempo que tenía ganas de descubrir por mí misma los secretos de sus fotos. Y por fin se unieron todos los astros. Taller de fotografía básica en Barcelona y plazas libres. De un modo casi implusivo me apunté sin pensar. Ya había hecho otros cursos y talleres de fotografía pero ¡me habían hablado tanto de Álvaro Sanz! La Diseñadora en Prácticas lo tuvo de profesor en la universidad, compañeros de trabajo habían coincidido con él, referencias y referencias en la blogosfera. Los cyber paseos por sus fotos, sus eventos y escapadas fotográficas fueron más que suficiente para volver a reaprender eso del diafragma, la velocidad y el ISO.

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